El encontrarnos ahí, por Juan Ceacero

Desde mi casa, en Madrid, tras casi dos semanas de confinamiento donde se ha detenido por completo la actividad teatral del país y de medio mundo, nos alcanza el 27 de marzo, día mundial del teatro. Y me siento a escribir estos pensamientos que vienen persiguiéndome desde hace ya unos días.

Esta situación inédita, además de generar un panorama sanitario y económico terrible, ha tocado el núcleo de aquello que sostiene cualquier encuentro social y, en lo que me ocupa o preocupa, cualquier encuentro escénico. La imposibilidad de encontrarnos revela algo evidente y bien conocido, pero no por ello menos profundo: la certeza de que no existe teatro sin encuentro. Y no hablo solo del encuentro con el público, sino del encuentro de los creadores y creadoras, de los equipos de trabajo, en el silencio de los espacios de creación y ensayo.

exlímite, como incubadora de nuevos proyectos, de colaboraciones con artistas y compañías, se encuentra en stand by. Nuestras puertas están cerradas, como las de todas las salas y teatros de este país, los artistas están aislados en sus casas y el encuentro entre sus componentes se ha puesto en cuarentena a causa del virus. Encuentros de formación, investigaciones, ensayos, entrenamiento y exhibiciones: todo ha sido paralizado. Y no hay fórmulas digitales que puedan sustituir estos encuentros, de la misma manera que nuestras conversaciones por Skype no pueden sustituir el encuentro cara a cara con nuestros seres queridos. Nuestro trabajo está hecho de aquella carne que se encuentra en un aquí y en un ahora.

Así que nos encontramos cautivos, con nuestros proyectos congelados y la incertidumbre de no saber cuándo llegará el deshielo que nos devuelva a la acción, al encuentro real. Y lo que es peor, con el temor a que las consecuencias de todo esto sean más cancelaciones, más pérdidas y más precariedad, no solo las que ya han ocurrido o están ocurriendo, sino las que están por llegar.

Pero si dejamos esta cuestión a un lado y aceptamos la situación que nos ha tocado padecer, quizá este des-encuentro con el teatro nos traiga a los creadores y espacios algo muy valioso de lo que normalmente no disponemos: tiempo. Pasolini decía en uno de sus versos que había que devolverle el tiempo a los poetas. Y la paradoja de esta situación es que frente a la privación del encuentro tenemos el tiempo ansiado. Tiempo para pensar, para escribir, para planificar, para organizar, tiempo, sobre todo, para imaginar y ahondar en las creaciones en las que estamos inmersos o en las que vendrán. Tiempo para reubicarnos en una década que ha arrancado con la inauguración de nuevos escenarios sociales y que es preciso asimilar como artistas de nuestro tiempo. Quizá el tiempo del que disponemos en este encierro pueda ser el antídoto frente a la ansiedad que genera la situación y nos permita estar preparados para el día en que nos volvamos a encontrar.

Pero a pesar de esto, en un día como hoy, echo de menos las obras que como actor se han quedado tras el telón, y a los compañeros y compañeras con las que compartía el escenario. Y aún más, echo de menos a mi compañía, nuestros ensayos en exlímite y el nuevo proyecto en el que estamos inmersos.

Trabajo estos días con las palabras, con las ideas y con las imágenes que pueden plasmarse en un folio, en una conversación online, pero nada más. Me siento separado, huérfano, sin la experiencia física de vernos ‘ahí’, en el espacio. Pienso en sus cuerpos en el espacio, en sus miradas cómplices, en la energía que mueven a través de su movimiento, en la polifonía de sus timbres de voz y en su radical compromiso creativo en hacer teatro. Echo de menos sus cuerpos pensantes y la imaginación condensada en sus cuerpos. Echo de menos todo lo que no puedo hacer sin ellos y sin ellas. Todo aquello que somos capaces de hacer juntos: el teatro, nuestro teatro.

La duración de este impasse no marchitará el espacio que ahora solo existe en nuestra imaginación. Y más pronto que tarde, las puertas de exlímite, de nuestros ensayos y de todas las compañías, espacios, salas y teatros y del país, se abrirán y volveremos a encontrarnos.



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